sábado, 27 de febrero de 2010
jueves, 25 de febrero de 2010
Recuerdos de La noche a tientas
Existe poesía que es capaz de levantar espacios diáfanos donde el ser humano pueda reconocerse y habitar. Otra que, hija del desasosiego, como la del poeta Lorenzo Oliván, invita al viaje, (no es baladí que el poema que inicie la noche a Tientas se llame Ulises), es prospectiva y nos conmina a ampliar y a desarrollar nuestro radio de existencia, la raíz que te hizo/-tan frágil- vertical, /la razón por hacer/del primer hombre. En la noche a Tientas reconocemos una palabra que se asienta en una amplísima tradición, donde el lenguaje es a la vez motor y fin, causa y efecto, donde la palabra es una fuga hacia la vida sin ánimo iniciático. Pero si el poeta Lorenzo Oliván se inscribe en una amplísima tradición que él mismo nombra (Yeats, Pound) no parte de un lenguaje esclerotizado sino que con ánimo de vuelo, busca tropezando, recoge, recolecta, a veces, a pesar ( o desde) el dolor y de la rabia entretejer sin fin astros ficticios/ y tender esa red hacia la vida para tomar el hilo de todos y de nadie. La noche, que es ausencia de luz, se convierte en cenit del reconocimiento, como en el magnífico poema blanco, palabra boreal, al fin y al cabo.
Ana Gorría, 2007
REINCIDENTE EN ‘LA NOCHE A TIENTAS’
Pensé que no podría decir mucho más de lo que ya dejé escrito en unos folios cuando Lorenzo Oliván me invitó a participar en esta ‘noche a tientas’ desde la noche misma, es decir, con un texto a modo de prólogo que titulé ‘De la emoción pensada’ y donde dejaba caer el entusiasmo, el hondo entusiasmo, al leer por vez primera estos poemas. Pensé que la revelación de aquel descubrimiento no podría repetirse ahora de igual modo. Pensé que estaba perdido. Pensé en escapar. Pero en la memoria comenzó a humear de nuevo la intensidad de esta pequeña familia de poemas y cogí el libro otra tarde más, y releí los textos sin mirar aquellas deshilvanadas líneas mías de entonces escritas desde el caudal de la complicidad literaria, desde la cercanía emocional, desde la admiración –que en este caso es pauta también de la amistad--. Y ‘La noche a tientas’ se me fue revelando nueva, no extraña, sino nueva. Los poemas se definían otra vez amplios e inquietantes. Y esa artillería inquietante que creo que tienen, ese juego de planos reales, esa lumbre de visiones ficticias, esa forma natural de ensanchar el mundo desde la extrañeza me ha vuelto a atrapar.
Los 13 poemas de este conjunto definitivamente conforman el paso adelante de todo poeta verdadero. No son una tentativa de más allá, sino la certeza de otro peldaño de profundidad en la poética de Oliván desde ‘El libro de los elementos’. Esa es la sensación inmediata que tengo. Por decirlo con uno de los versos de un excelente poema de esta serie, el titulado ‘Ventana al vuelo’: “La luz dentro de sí creando espacio”. Qué exacto, qué estremecimiento, qué aventura de largo recorrido hasta hacer parada y fonda por un momento en Pessoa y repetir lo que el portugués dipsómano nos dijo: “Todo es diferente de nosotros, y por eso existe”. Por eso Lorenzo invita a un viaje hacia dentro, a una experiencia poderosa, la suya, como quien observa el efecto de la velocidad dentro del vaso quieto. Vamos, poema a poema, cumpliendo pasos de incertidumbre hasta el lugar de lo indecible. Este es el territorio de ‘La noche a tientas’, tal es el hilo de su escena, esa papiroflexia fatal donde se revela, después del penúltimo pliegue, “el animal del miedo que eras tú”, como acierta a escribir en otro verso del libro.
No diría que la poesía de Lorenzo Oliván, como alguien apuntó por ahí, se vuelque estrictamente en lo metafísico. Qué va. Más bien creo que vive en la intemperie del pensamiento y en ese flúor de sombras de lo que no sabemos va modulando intuiciones, muchas veces mínimas percepciones que son el fractal de relieves más amplios, de experiencias apresadas como la más sutil conquista. De ahí que el poeta acepte bien este hallazgo de Rilke: “Los versos no son, como creen algunos, sentimientos (se tienen siempre demasiado pronto), son experiencias”. Para justificar la cita sirve el breve poema titulado ‘Blanco’: “Pasa la luz/ rozándome la piel/ y no sé si se bate en retirada/ o hace de mí/ su más sutil conquista”.
Me siento muy cerca de la poesía de Lorenzo desde que empecé a leerla hace más de 10 años. Creo que es de esos autores que no busca decir sino lo que está diciendo, que es siempre más de lo que dice. Tiene el extraño don de aquellos que se detienen en una realidad concreta y a fuerza de observarla, de experimentarla, de chocarse con ella la despoja de sus límites, "iluminando nuestros sitios vacíos", por apuntarlo a la manera de Roberto Juarroz. Es decir, que llegamos de su mano a territorios poderosamente extraños sin salirnos del itinerario de lo perceptible, sin adornos, tan sólo invocados por un por lenguaje que desarma la propia naturaleza de la realidad. Si nos detenemos en sus poemas, como sospecho que vamos a hacer cuando acabemos con esto, entenderemos el sentido de este viaje infinito. Y la enorme emoción que nace de él. Porque ya lo dije entonces, en esta bella edición de El Gaviero, y lo vuelvo a decir ahora: Emoción pensada. De esa manera ‘unamuniana’ de la que Lorenzo ha hecho oficio, labor y conquista. Aquí, en el poema; y allá, en sus aforismos, que son ese otro goteo, ese germen punzante que le nace de la poesía, de su particular modo de mirar.
Quien siga a lo ancho su trayectoria podría pensar ante el conjunto de ‘La noche a tientas’ que esta poesía de ahora es más severa, incluso a veces más distante. Y sin embargo no es así. Sucede que es más madura, más propia, como viene enseñando desde ‘Puntos de fuga’, libro con el que ganó el Premio Loewe en 2001. Lorenzo no se distancia, sino que tiene otra manera de acercarse. Es más exigente por lo que su voz tiene de más distinto, de más personal. De sus visiones ha hecho conceptos propios. Y si no me creéis, que lea ahora después el poema ‘Ventana al vuelo’, uno de los más intensos de este libro. Voy a adelantar algo de él: “Pasa otra vez por mí y recórreme,/ vuelve otra vez a mí,/ lo que quiera que seas,/ vida o visión del tiempo/ desde dentro del tiempo”. Así lo dice, “lo que quiera que seas”, con ese temblor de nuestro amado Juan Ramón Jiménez. Así lo dice, invocando lo inexplicable, que puede ser un sueño, o una sombra, o una piedra, o una realidad sin atributos, o una irrealidad magnífica porque no necesita más perfil concreto que ser experimentada para que sea perfectamente comprensible. Llamamos a una cosa 'cosa' para singuralizarla, para distinguirla, para comprenderla simbólicamente. Y de su relación con otras palabras o de su situación en el folio nos salen más 'cosas' nuevas, inesperadas, incalculables. Bien lo sabe Lorenzo Oliván, que en esta nueva y feliz aparición ha llamado a su poesía ‘La noche a tientas’, que podría no ser nada, pero resulta que en la combinación de su pensamiento intenso y hondo es una verdad emocionada, un algo real que hasta ahora él no había dicho. Y es la segunda vez que lo escribo.
Antonio Lucas, 2007
miércoles, 24 de febrero de 2010
Artículo de Guillaume Fourmont para el diario Público
Fatena Al-Gurra se encuentra en Sint Niklaas, ciudad del norte de Bélgica. Reside en un centro de acogida para refugiados. El pasado lunes 22 de febrero de 2010, la Justicia belga la entrevistó por última vez antes de posicionarse sobre su petición de refugiada política. "La vista duró dos horas y media, estoy muy positiva", explica en una conversación telefónica. "Me tratan bien. Y es la primera vez que veo, piso y toco la nieve. Hace mucho frío, pero ¡es bellísimo! Tengo ganas de salir fuera, viajar", exclama. Nadie sabe cuánto puede durar su espera en el hogar. "Quizá en diez días sepa algo", confía.
En Gaza, Al-Gurra era una persona famosa, su rostro era conocido. Era presentadora en la televisión palestina y trabajó para medios extranjeros. Hasta que temió por su vida y decidió exiliarse primero a Egipto, en 2008, y luego a Europa, el pasado noviembre. Fatena había "despertado como mujer", según sus palabras, y animaba a sus compatriotas a hacer lo mismo.
En los poemas de Fatena, nunca aparece la palabra sexo, pero están impregnados de sexualidad. "¡Muchas mujeres árabes de 30 años no saben lo que es un orgasmo! ¡Desconocen hasta la palabra!", exclama la escritora. "Me casé y luego, ¡gracias a Dios!, me divorcié. Necesitaba ser libre, ser yo misma", continúa. Al-Gurra −quien lleva velo− no quiere, sin embargo, que se confunda Islam y tradición: "El problema no es la religión, sino la cultura de sociedades cerradas. Desde pequeña, te dicen que gozar está mal, que como mujer no puedes hacer esta cosa u otra, mientras que los hombres lo tienen todo. Las mujeres no saben qué es una relación con un hombre, la aceptan como si fuera un trabajo, pero no se les permite ser ellas mismas".
"Antes yo era una ingenua, mi propio cuerpo me daba vergüenza. Hablar de la sensualidad, de la sexualidad, es tabú. Pero el cuerpo es la clave para entender el alma. De eso tratan mis poemas: hablan de mi cuerpo como puerta para llegar hasta mi alma", explica. Como en este verso que respira sensualidad: "Llevado por tu boca que a raudales emana leche y miel, tus dedos bautizan a quien marcha a tu luz desde la oscuridad de su pecado original, permitiendo que el mar despliegue velas que tu esencia olvidó".Sus palabras asustaron a Hamás "esos talibanes" y ella se sintió amenazada. "Gaza está pasando por un momento terrible, no puedes ni vestirte como quieras. Fue muy duro irme, echo de menos a mi familia, a mis amigos, a mi tierra. Pero tenía que hacerlo, tenía miedo. Iban a matarme", asegura.
Imágenes herméticas
Sus palabras son, sin embargo, herméticas, utiliza imágenes complejas. Fatena habla de "él" y de "ella", de una "presencia que desconcierta". La poetisa no se refiere a los enemigos más evidentes: la ocupación, la guerra. Habla de todas las mujeres. "Desde el primer momento, no quiero tratar de mi caso personal, ni de Palestina. Lo importante es el ser humano y lo que busca. No quiero ser uno de esos escritores que sólo hablan de Gaza. Ya son muchos. ¿Qué se sabe de las mujeres en mi país, de sus miedos, de sus sentimientos? Escribo para despertar preguntas", explica.
En el capítulo El libro de los sabores, Al-Gurra habla de la mujer de menta, de uva, de café y de almendra. Muchas referencias a los olores, a las especias, al mar, como en la tradición literaria árabe antigua. "Al-Gurra pertenece a una generación de jóvenes que quieren contar el mundo en el que viven. Atados a su patrimonio, también son los testigos del mundo de ahora y quieren hablar de los desafíos actuales", explica el arabista Pedro Martínez Montávez.
La literatura y la poesía palestina está marcada por la noción de tierra como símbolo. Frente a la opresión y al exilio, los escritores se impusieron el deber de construir su historia, su memoria, para no desaparecer. "El creador palestino se enfrenta a dos retos: la palestinidad, definirse como pueblo perseguido en una tierra que es suya; y la personalidad, definir su propia identidad", explica Martínez Montávez.
Para el arabista, la poesía de Al-Gurra está marcada por la de Darwish, pero bebe de los versos de Adonis, poeta sirio literalmente entregado al amor: "Adonis representa la gran encrucijada de la poesía árabe. Además de la palestinidad y de la identidad, Fatena se hace ver como mujer".
Adonis es conocido entre los escritores árabes por sus juegos de palabras, sus imágenes. "Fatena hace como él, cuando usa una sintaxis ambigua. Su poesía es creativa", confirma Rosa Isabel Martínez Lillo, profesora de Filología Árabe y traductora de Excepto yo. Los arabistas aprovecharán la edición bilingüe del poemario y podrán ver ejemplos de los juegos de Al-Gurra. En árabe, el artículo definido siempre se une gráficamente a la primera palabra de una frase. A veces, la autora separa el artículo del arranque del verso con tres puntos suspensivos, "una innovación", según Martínez Lillo.
Al margen de la violencia cotidiana, de las bombas israelíes y del férreo control islámico de Gaza por Hamás, hay que vivir, hay que escribir. Al-Gurra leyó a Darwish, aunque le gusta más Isabel Allende. "Es mi escritora favorita, trata muy bien el tema de las relaciones. Todos los problemas, incluso los políticos, vienen de la relación entre hombre y mujer", dice la poetisa.
¿Pero no resulta difícil escribir sin pensar en Gaza, en la guerra, en los más de cuatro millones de refugiados palestinos? "Aspiramos a la liberación, pero hablar de ello no cambia nada. Hay que investigar sobre uno mismo. Creo que me he encontrado, aunque a veces me miro en el espejo y pienso: ¿quién soy yo?", se pregunta. Su nombre en árabe, Fatena, se emplea en algunos países como piropo para una mujer guapa. Fatena significa seducción... y lucha.
Fuente: Público
domingo, 21 de febrero de 2010
El Gaviero y el mar: fragmentos literarios para navegantes
Foto: Ana Santos Payán
En las olas reside la esperanza
Negra y verde del futuro
Escondido detrás de tus ojos
Majestuoso como una manta raya
Unidos a las quillas flotantes de los barcos
O a las rocas de los acantilados
Observando el firmamento
Desde las zonas abisales
Bebe este caldo nutritivo
La nueva forma de comulgar
Bebe esta sopa de cultivo
Que a todos debe alimentar
Plancton, plancton, plancton, plancton
Plancton, plancton, plancton, plancton
Plancton, plancton, plancton, plancton
Plancton, plancton, plancton, plancton
Plancton, plancton, plancton, plancton
Plancton, plancton, plancton, plancton
Plancton, plancton, plancton, plancton
Plancton, plancton, plancton, plancton
Plancton del fondo de los mares
Es la reserva ideal
Plancton de formas inacabadas
En infinita suspensión
Nada quedará de vosotros
Cuando todos hayáis muerto
Yo y mi caldo nutritivo
Sólo plancton verde y negro
Bebe este caldo nutritivo
La nueva forma de comulgar
Bebe esta sopa de cultivo
Que a todos debe alimentar
Plancton...
Plancton, plancton...
Aviador Dro, Plancton
sábado, 20 de febrero de 2010
lunes, 15 de febrero de 2010
domingo, 14 de febrero de 2010
Martín Espada, abogado de oficio
A propósito de las reivindicaciones de jueces y universidades para garantizar el derecho a un juicio justo de los extranjeros en España, compartimos este poema del estadounidense Martín Espada en el que se hace eco de la importancia de los intérpretes en los tribunales.
Chelsea, Massachusetts
–
y queremos que se vaya
–dijo el abogado del casero,
jugando con su anillo de
El juez pidió un intérprete,
pero todos los intérpretes se habían ido
a traficar en español
a la sesión criminal
del segundo piso.
Un voluntario se levantó en el gallinero
un abanico de fotos:
la rata erizada en una trampa adhesiva
junto a la nevera,
el agua congelada en el váter,
una puerta sin pomo.
[–Yo no pago el alquiler por esto. Conozco la ley
y quiero hacerme oír
–susurró al intérprete.]
–Dígale que tiene que pagar
y que tiene diez días para largarse
–dictaminó el juez, se puso en pie
para que el resto de la corte se levantara también,
y salió del tribunal; de repente
se dio por terminada la sesión:
el auxiliar del juzgado
recogió sus carpetas
y el alguacil se fue a almorzar.
alzando aún su abanico de fotos
como una ofrenda que este dios ulcerado
rechazaba probar,
mientras el intérprete
sintió que una bocanada
de fuego salía de su garganta
al volverse despacio para mirarla a la cara.
Martín Espada, Soldados en el jardín, El Gaviero Ediciones, 2009.
(Traducción de Marisa Estelrich, Diego Zaitegui y Pedro J. Miguel)
sábado, 13 de febrero de 2010
El Gaviero y el mar: fragmentos literarios para navegantes
Foto: Ana Santos Payán
El mar, aún más cerca. Diario de abordo (fragmentos).
Crecí en el mar y la pobreza fue para mí fastuosa; después perdí el mar, todos los lujos me parecieron entonces grises, la miseria intolerable. Desde entonces, espero. Espero los navíos de vuelta, la casa de las aguas, el día límpido.
[…]
Solos también con el horizonte. Las olas vienen del este invisible; una a una, pacientemente; llegan hasta nosotros, pacientemente, se van hacia el desconocido oeste, una a una. Larga travesía, jamás iniciada, jamás terminada… El afluente y el río pasan, el mar pasa y permanece. Así habría que amar, fiel y fugitivo. Me caso con la mar.
[…]
Justo en mitad del Atlántico nos inclinamos bajo los salvajes vientos que soplan interminablemente de uno a otro polo. Cada grito que lanzamos se pierde, se vuela en espacios sin límites. Pero ese grito, llevado un día tras otro por los vientos, abordará por fin uno de los extremos achatados de la tierra y resonará largamente contra las paredes heladas hasta que un hombre, en algún lugar, perdido en su concha de nieve, lo oiga y contento, sonría.
[…]
Siempre he tenido la impresión de vivir en alta mar, amenazado, en el corazón de una felicidad regia.
Albert Camus, El Verano, 1953. (Traducción de Rafael Chirbes para Alianza).
jueves, 11 de febrero de 2010
Excepto yo
Excepto yo
Autora: Fatena al-Gurra.
Traducción: Rosa-Isabel Martínez Lillo.
Colección: Salamandria.
Diseño de cubierta: Ana Santos Payán
(Basado en una ilustración de Cristina Llorente).
ISBN: 978-84-936617-4-8
PVP: 18 €
Datos técnicos:
Primera edición, 666 ejemplares numerados.
240 páginas.
12 x 17 cm.
Papel: Coral Book Ivory de 90 gr.
Cubierta: cartulina estucada mate Printoart de 300 gr.
Tipos: Simplified Arabic y Garamond.
Edición bilingüe árabe/español.
lunes, 8 de febrero de 2010
Recuerdos del primer verano
Foto: Ana Santos Payánsábado, 6 de febrero de 2010
El Gaviero y el Mar: fragmentos literarios para navegantes.
Foto: Ana Santos Payán
A la una de la tarde me senté en la balsa a escrutar el horizonte. Solté los tres remos y los puse en el interior, listo a remar en la dirección en que aparecieran los aviones. Los minutos eran largos e intensos. El sol me abrasaba el rostro y las espaldas y los labios me ardían, cuarteados por la sal. Pero en ese momento no sentía sed ni hambre. La única necesidad que sentía era la de que aparecieran los aviones. Ya tenía mi plan: cuando los viera aparecer trataría de remar hacia ellos, luego, cuando estuvieran sobre mí, me pondría de pie en la balsa y les haría señales con la camisa. Para estar preparado, para no perder un minuto, me desabotoné la camisa y seguí sentado en la borda, escrutando el horizonte por todos lados, pues no tenía la menor idea de la dirección en que aparecerían los aviones.
jueves, 4 de febrero de 2010
Cenicienta en sangre por Joseph Macgregor
Inicia una búsqueda de su madre no exenta de reproche y odio ("Hiciste de una niña un monstruo. Hiciste que te creyera muerta. Papá sólo te obedeció. Te odio. Maldita ramera.") por un mundo de pesadilla, decadencia y horror. A partir de aquí asistimos a un bombardeo de imágenes impactantes, en donde se entremezcla lo onírico con lo surrealista ("Los niños muertos clavados en la verja esperan su cumpleaños de sangre derramada"); versos que son como un esputo de sangre en el rostro; trozos de espejos que estallan sobre nuestros ojos, clavándose en nuestras pupilas, y en cada pedazo hay reflejado una parte de lo que somos, lo más oscuro, lo que permanece en lo más escondido de nuestro subconsciente: miedo, culpa, rechazo, sadismo, autocastigo y egocentrismo pero también soledad, desamor y angustia vital: "mi útero parece querer expulsar algo: un tronco sin cara." / "Me encontré haciendo el amor con un peluche, desnudo, pintado como un niño".
En muchas ocasiones, los poemas adoptan la forma de un pequeño cuento gótico de terror en el que están presenten un enterrador necrófilo cuentacuentos (versión repugnante de Scherezadecomo él mismo se define) o el mismísimo Satán, que es invocado varias veces como un amante ausente cuya presencia se requiere con ansiedad desesperada. Imágenes alucinantes y alucinadas que me evocaron ese mundo fantástico de sangre y sexo reprimido que estalla en mil pedazos descrito por Neil Jordan en el film En compañía de lobos, versión corrupta del cuento de Caperucita.
Cenicienta pierde la inocencia y ya no cree en los cuentos, no los escucha, embobada con el runrun de sus obsesiones y el dolor que la anula: "Vi un payaso adolescente que daba golpes en su tumba. Hilaba poemas, cantaba y saltaba delante de sus heces."/ "Yo no sé nada de las ratas que nadan en mi sangre". Los conceptos o símbolos típicos de los cuentos y las palabras mágicas adquieren ahora otro matiz, un significado siniestro o torturado.




