domingo, 28 de marzo de 2010

El Gaviero y el mar: fragmentos literarios para navegantes

Foto: Ana Santos Payán

1. Puerto: marineros en camiseta de carne.

2. Las olas esculpen en las rocas calaveras de gigantes.

3. Al oír la sirena parece que los barcos se suenan la nariz.

4. El mar se pasa la vida duchando a la tierra para ver de hacerla entrar en razón.

5. El mar sólo ve viajar. Él no ha viajado nunca.

6. El mar arrastra de los pelos al río.

7. Cuando el barco está en carena, parece que está en casa del dentista.

8. En la ola está el espejo de los abismos.

9. La ola muere en espuma de impotencia al no poder pasar tierra adentro.

10. Si el mar está limpio, es porque se lava con todas las esponjas que quiere.

11. El mar es mucha espuma de brocha y mucho filo de ola para afeitar las algas de la playa.

12. Todo el mar quiere salvarse en el tablón que flota.

13. El barco nace herido por la úlcera del ancla.

14. Las sardinas son los hojitas de afeitar del mar.

15. Los barcos llevan la chimenea ladeada como si se hubiesen puesto la chistera a lo chulo.

16. Las gaviotas son el anclaje de los barcos al cielo.

17. El acto más bello de la playa es ver cómo se quita las medias de arena la mujer bonita.

18. Los cangrejos son las espuelas del mar.

19. En las caracolas ha quedado rizada en miniatura una ola, un rizo del mar cuando era niño.

20. - ¿Los peces lloran? - Los peces no necesitan llorar, porque el mar es pura y salada lágrima.

21. Las conchas de las playas son los restos de los arroces que se come Neptuno.

22. Un pie levanta la colcha del mar: es el delfín.

23. Muchas algas en la playa: el mar se está quedando calvo.

24. Cuando aparecen tres perlas en una ostra es que el mar ha regalado al hombre una botonadura.

25. El pingüino, con la servilleta puesta, está esperando la hora de la sopa del Juicio Final en las playas antárticas.

26. Al mar le gusta la impunidad y por eso borra toda huella en la playa.

27. Las almejas son las castañuelas del mar.

28. La chimenea del barco, que se ve por entre las casas, es el sombrero de copa de la ciudad porteña.

29. Las ostras abiertas en la bandeja son como huevos fritos del mar.

30. A las estrellas les sacan brillo el mar y el invierno.

31. El ancla es la inicial del pañuelo del mar.

32. En la resaca, la ola, arrepentida de haber dejado su regalo de conchas, trata de volvérselas a llevar.

33. El mar se está queriendo hacer tirabuzones y nunca lo consigue.

34. Los marineros de los barcos de vela, son arpistas de los vientos.

35. Y el mar al día siguiente del naufragio se pone la mantilla de encaje blanco en que mueren sus olas, para ir a misa de difuntos.

Ramón Gómez de la Serna, Greguerías

jueves, 25 de marzo de 2010

Los haikús del tren por Alí Medina Machado


Los Haikús del Tren
ALÍ MEDINA MACHADO - La literatura da para los reencuentros, el encuentro físico una sola vez y la permanencia luego. Queda el recuerdo como una conciencia que anida y estremece para un nuevo encuentro, no importa que haya lejanía aparente o la distancia que pudiera romper y no la hace. La palabra bidireccional en un pequeño ágape, una tarde, inesperado si se quiere, al arbitrio de una tercera persona, fue capaz de propiciar un diálogo enteramente constructivo, definitivamente provechoso, como en mi caso que conocí a Eduardo Moga, español, que luego de un encuentro fecundo y luminoso, me ha colocado a su lado navegando por su literatura, en un puesto para el conocimiento de una obra literaria ingeniosa y potente, como es la suya, con una muestra exquisita de un conjunto que debe, a su vez, ser exquisito y definitivamente interesante. Moga es un escritor apasionado del lenguaje en lo que éste tiene de ruta para las ascensiones más perfectas y estilizadas. Nada dilapida un lenguaje que lo sabe y maneja con destreza luminosa; con eficacia productiva luego de bordear y adentrarse hacia los núcleos, utilizar esa sabia que corre internamente por el discurso y volverse a los bordes con una ensoñación efusiva. Moga nos deja como privados de sentido y gozo con su palabra literaria. Así me ha ocurrido con sus libros que los he leído con fruición, acariciando esa belleza marcada que fluye como una lamparada de luz; fascinante y meticulosamente soberana cuando se sabe subordinar el código gramatical al literario, y cuando lo poético se derrama encima de esa línea articulada que expresa todo lo que se quiere expresar y comunica ese orden desorganizado que es la poesía. De esta manera, marca en el cuerpo del discurso poético: "la noche es un niño que pide agua. La cera retiene el yo, que quiere huir por los intersticios de la conciencia. El pie, acaso, muere en la madera" (las horas y los labios).

Todo ha sido como una reabsorción trillada por el tiempo que va transcurriendo, un canal de comunicación que, lamentablemente lo confieso, me ha hecho más receptor que emisor. Pero es que el canal mayor proviene de esa escritura que Eduardo Moga sabe hacer e impulsar o, mejor, catapultar para llenar nuestra fascinación y embeleso. Me ha nutrido lo confieso, porque nada existe tan eficaz para la felicidad del lector que una infinita carga de palabras colocadas con arte en el hilo del discurso poético. Nada entusiasma más a la conciencia que ponerse delante de un poema cargado del esplendor del lenguaje que, como bien se asienta, sirve para los estremecimientos. Nada más apetecible que ese sentimiento de aceptación de lo que se ve escrito en el libro, como si una psicología misteriosa viniera hasta uno y lo preparara para los esplendores.

Eduardo Moga, con harta gentileza, me envió desde Barcelona, España, una pequeña parte de su producción literaria, entre ella, un hermoso libro editado con lujo y creación, que guarda en su interior un conjunto de pequeños poemas, haikús japoneses, que el autor ha denominado "Los haikús del tren", por haberlos concebido "en el mundo hermético y pasajero del ferrocarril". Dice Moga: "escribí estos 104 haikús a finales de 1999 y principios de 2000, y su composición demuestra, una vez más, que la literatura es imitación. Aquel invierno estaba yo traduciendo al castellano una antología de poemas japoneses a la muerte, en su mayoría haikús. Me sedujo la firme delicadeza de aquellos versos- que hasta entonces apenas había visitado- y quise aventurarme en su redacción". Ciertamente, tiene esa literatura lejana y extraña un sortilegio de imitación y calco sorprendentes, porque no es en Moga en quien ha ocurrido aisladamente el fenómeno de querer asimilar la concepción de tan breves poemas, sino que, como si el haikú fuese una profecía o una revelación de estados interiores, nos ha ocurrido igual y hemos querido escribirlos, como también suelen hacerlo los que se colocan ante su pequeño y remoto altar y lo hacen oración o letanía, porque por ser tan breves en su estructuración métrica, 17 sílabas escasamente, más que una oración son una letanía ritual, un chispazo interior de creación, un resplandor onírico o breviario entrecortado que manifiesta una idea con la fuerza misma de una consagración. Asienta Moga en el prefacio: "el tren, pues constituido durante casi una hora diaria en síntesis del mundo, me llenaba los ojos de imágenes. Y eran esas imágenes, y los momentos encarnados en ellas, lo que yo quería expresar en palabras". Tan es así que exclama deslumbrado y adsorto: "veo, entre azules, el desorden inmóvil de las encinas". Es cierto, si observamos esa sumisión del poeta ante el paisaje, que lo reproduce descriptivamente y lo demarca con precisión en cada pequeña enunciación, es decir, en cada haikú. Lo exalta el paisaje cinético y dice: no se oyen pájaros, sino el zureo gris de los metales.

Los haikús de Eduardo Moga son exquisitos. Tienen que serlo porque están concebidos con el ardor de una pasión sin tregua, con la grande mirada de quien sabe mirar y escudriñar desde el interior, desde la armonía que se establece entre el sujeto y el objeto, cuando el objeto es la plenitud de las cosas del mundo para el sujeto poeta que mira y remira con ganas de recrear cada una de esas percepciones. Para la concepción del haikú la mirada es imprescindible, la condición sine qua non, la propuesta que "vende" lo que se posiciona delante. El acierto del haikú se gesta si se sabe mirar y condensar la imagen, si la violencia del impacto se convierte en la dulce violencia del poema. El poeta del haikú, sin duda, sabe ver y desentrañar de las nimiedades las mejores imágenes del orbe, las atrapa o captura y deviene entonces la revelación. Moga domina ese secreto. Su poesía se hace entonces fulgurante.

Fuente: Diario El Tiempo, Venezuela.

domingo, 21 de marzo de 2010

Feliz día Internacional de la Poesía

Poesía Bífida para celebrar el Día Internacional de la poesía


Recital políglota, a cargo de alumnos y profesores de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Almería, en el que se leerán poemas en sus idiomas originales y en su traducción al español.

Poesía bífida que salta fronteras y nos regala la música de otras lenguas.

Se leerán poemas de:
Paul Celan
Fatena al-Gurra
Cesare Pavese
Charles Baudelaire
Safo
Gabriel Ferrater
Martín Espada
T.S. Eliot
Harkaitz Cano
Catulo
Cavafis
Fernando Pessoa

Y las traducciones al español de autores como Juan Antonio González Iglesias, Octavio Paz, Juan Ramón Jiménez o Rosa-Isabel Martínez Lillo...

Será un acto sencillo para celebrar la palabra poética con la implicación de todos: profesores, alumnos y del resto de asistentes.

También queremos resaltar la importancia de la traducción -el siglo XX fue el siglo de la traducción- y la relación de los poetas con ésta. Así, leeremos traducciones de poetas como Octavio Paz, Juan Ramón Jiménez o José Ángel Valente, entre otros. Por otra parte, el incuestionable vínculo de la poesía y la música se pondrá de manifiesto al escuchar los poemas en las lenguas originales: la cadencia, el ritmo, la belleza fonética se podrá apreciar en su totalidad al margen del "entendimiento" de la lengua.

Organiza: Grupo Docente de coordinación de contenidos de Lengua y Literatura en Filología Hispánica.

Coordinan: Isabel Giménez Caro (UAL) y Ana Santos Payán (El Gaviero Ediciones).

Sala de Grados de la Facultad de Humanidades. Almería

Lunes 22 de marzo, 12:00 h.

miércoles, 17 de marzo de 2010

CÓMO NO ESCRIBIR…

Y cómo, preguntaron, cómo
escribir después de Auschwitz.
Y después de Auschwitz
y después de Hiroshima, cómo no escribir.
(José Ángel Valente)
Y cómo no escribir después de Irak, de Gaza, de Ciudad Juárez, del terrorismo doméstico y bancario, después de la explotación infantil, de la sed, cómo no escribir.
El compromiso une a los buenos poetas. Ya no se entienden viejas disputas decimonónicas. Que los pandilleros no nos vendan más motos. ¿O acaso no son comprometidos también los versos de José Ángel Valente con los que hemos empezado?
Sorprende la gran cantidad de obras que una editorial tan pequeña y humilde como El Gaviero recibe con una temática social o comprometida. Los poetas se implican, y en nuestro catálogo empiezan a abundar los poemarios combativos. Quizás como lectores nos guste cierta agitación o cuando menos encontrar voces discordantes.
Así que El Gaviero canta y protesta con varios títulos: los dardos malévolos de Álvaro Salvador en Después de la poesía (aforismos); la artillería de Hitler contra la de Petrarca en Fragmentos de cal de Juan Manuel Barrado; la mirada irónica a la realidad más cotidiana y mísera de María Eloy-García en Cuánto dura cuanto; la defensa del otro, de la cultura diferente en El polizón desnudo de Ana Tapia; o las trincheras plagadas de muertos que valen más que cualquier idea en Infierno sostenido de Óscar Santos. Las novedades de El Gaviero también siguen esa línea: Soldados en el jardín del neoyorquino Martín Espada; y Excepto yo de la poeta palestina Fatena al-Gurra. El primero, un compendio contra las injusticias del imperialismo yanqui; el segundo, la valentía de una mujer rebelde que denuncia los estragos del fanatismo, y del machismo.
En nuestro “Manifiesto SciFi”, publicado hace un par de años, actualizamos el conocido lema de la poesía comprometida “La poesía es un arma cargada de futuro” de Gabriel Celaya, con la pistola láser de Han Solo y el vergonzoso presente. Porque este mundo corre tanto que mirar más allá del horizonte resulta impertinente: la poesía es una pistola láser cargada de presente.
Ana Santos y Pedro J. Miguel
(Texto publicado en el número 11-12 de la revista Nayagua. Diciembre 2009)

martes, 16 de marzo de 2010

Espejismos gavieros


"... no hay nadie mayor vigilándonos, excepto yo."

Holden Coulfield, Fatena al-Gurra y Pedro J Miguel entre el centeno.


domingo, 14 de marzo de 2010

El Gaviero y el mar: fragmentos literarios para navegantes

"Buenos marinos", habría dicho el portugués, pero no en esos tiempos de brusco zangoloteo no tenía ni tiempo ni ganas de decir nada, ni en su lejano idioma de navegantes ni en alguna de las lenguas aprendidas a los dos lados del estrecho. Lenguas de indios que al portugués primero sonaban más a ruidos de guijarros que a palabras, hasta que la porfiada costumbre humana de nombrar las cosas hizo que las aprendiera para llamar hiel a las entrañas del negrero, y ambrosía al recuerdo de la mujer que visitaba sus sueños.

Luis Sepúlveda, Desventura final del Capitán Valdemar do Alenteixo, Ediciones B, 2001.

lunes, 8 de marzo de 2010

GÉNERO PARCIAL

Estrógeno es la hormona femenina.
Gracias a ella
las mujeres son más comprensivas
y no van a la guerra porque son
almas cándidas
ángeles del hogar
no dicen tantos tacos
como el hombre
no gritan por la calle
son sumisas
y aceptan el destino que les llega
qué bueno es el estrógeno
que hace que las mujeres no se enfaden
cuando el patrón les recorta
la nómina
qué bueno es el estrógeno
pues gracias a él
o a ella
ya ni sé
las mujeres son castas y educadas
mucho más que los hombres
y no compiten ni se tocan el sexo
por la calle
si exceptuamos claro a aquellas
que padecen exceso de testosterona y casi
llegan a ser tan libres como hombres
para insultar o jugar al fútbol
porque es sabido que ciertas cosas
no son aprendidas no señor ustedes se equivocan
pues todas estas cosas permanecen
en los vasos sanguíneos del cerebro
y son tan inmutables como el sol
y qué vamos a hacer si son preceptos
tiránicos, precisos y biológicos
que hicieron al estrógeno a imagen de su amo
para que estuviera por los siglos de los siglos
amén ligeramente por debajo
de la testosterona.

(Ana Tapia, El polizón desnudo, El Gaviero Ediciones)

domingo, 7 de marzo de 2010

GAVIERÍZATE!!! Patricio Gálvez ya lo hizo


El Gaviero y el mar: fragmentos literarios para navegantes

Elogio de la lejanía


En la fuente de tus ojos

viven las redes de los pescadores de la mar del extravío.

En la fuente de tus ojos

el mar cumple su promesa.

Aquí arrojo yo,

un corazón que se detuvo entre los hombres,

mi ropa y el esplendor de un juramento:

Más negro en lo negro, más desnudo voy.

Sólo infidente soy fiel.

Yo soy tú si yo soy yo.

En la fuente de tus ojos

desvarar suelo y sueño un rapto.

Una red prendió una red:

nos separamos enlazados.

En la fuente de tus ojos

un ahorcado estrangula la soga.


Paul Celan, Amapola y memoria,

Versión de José Luis Reina Palazón,

Editorial Trota, 1999.