domingo, 31 de marzo de 2013

El libro más allá del libro. Harkaitz Cano the kid.

Un libro, y esa el la magia, siempre puede mutar en las manos del lector.
Harkaitz Cano disfrazado de cowboy.
“Todos los disparos fueron de frente”.

Los disparos certeros de mi padre aún me hacen reír y reflexionar.

Juan manuel Gil, Mi padre y yo. Un western.



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sábado, 30 de marzo de 2013

Los Sonetos de Robert Juan-Cantavella por M. Cinta Montagut



Un comentario cinegético, que no de cetrería, en torno a unos sonetos escurridizos.

Robert Juan Cantavella en un tiempo no muy lejano fue coeditor de esta revista y hoy  le dedicamos un comentario a su última y sorprendente obra titulada  Los sonetos.


Este autor, que hasta ahora ha publicado distintas obras de narrativa  como las novelas Otro (2001), El Dorado (2008), Asesino cósmico (2011) y el libro de relatos Proust Fiction (2005) , emprende con el libro que comentamos una nueva aventura literaria que es poesía y no lo es, que tampoco se trata de poemas en prosa y que se titula de forma humorística  Los sonetos. Digo humorística porque lo que Cantavella hace en estos textos inclasificables es algo a lo que nos tiene acostumbrados en sus obras, a saber, juega con el lenguaje, distorsiona la sintaxis, subvierte la lógica de las frases y crea un artificio que mediante una serie de recursos como la ironía o la parodia consigue transmitir una especie de crítica a la tradición y a la repetición de modelos que esclerotizan la obra literaria y la retrotraen a épocas  que poco o nada influyen en el hoy, en el escritor que hoy se enfrenta con la necesidad , el placer o el gusto por la palabra más que por una forma predeterminada.

En Los sonetos nos encontramos con lo que su autor llama un poema en nueve partes formado por textos  escritos  entre 2004 y 2006 mientras estaba dando forma a una de sus novelas. El mismo confiesa en alguna de las entrevistas que se le hacen a la salida del libro que al principio no sabía hacia dónde iba, cuál era la finalidad de lo que escribía y que lo hacía libremente sin las ataduras que proporcionan las novelas a sus autores.

Para leer este libro hay que ser experto cazador de sentidos y saber matar dragones, sobre todo a los dragones que pueden, en su caso, haber secuestrado a una dama o no, no importa mucho este punto. Para Casavella el soneto es una animal del que hay que conocer las costumbres, sabemos que no vuela por lo que la cetrería queda descartada y también la descartamos porque parece que tiene un tamaño imposible de cazar con un halcón. Se suben a los cocoteros, se intentan librar de los parásitos frotándose contra el suelo con su espalda y bajan a beber a los lagos, presumiblemente de noche. No se les tiene que tener miedo aunque, eso sí, hay que estudiar convenientemente cómo cazarlos.

Leer este libro es una experiencia desconcertante si partimos de cualquiera de los a priori literarios pero una experiencia fascinante si nos dejamos llevar por  la simbología oculta y por el placer de la palabra misma. 


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jueves, 28 de marzo de 2013

"Sobras" de Maite Dono por Luna Miguel


Para pincharse: las... ¿canciones? Los... ¿poemas? Los... ¿alaridos? las... ¿terribles imágenes que Maite Dono nos regala en su nuevo libro, Sobras (El Gaviero, 2013), y que tan intensas entran en nuestras venas? Sí. Ha vuelto Maite Dono y hay que agradecer a los dioses que por fin podamos tener otro de sus libros con nosotros. Empezaré primero por lo “malo”: creo que es un libro difícil de digerir. Me diréis: “las sobras siempre lo fueron”. Y es cierto. Se trata de un libro difícil de digerir a propósito, porque lo que en él encontramos no son cosas bonitas, no son cosas agradables. Lo que no es fácil de escribir tampoco es fácil de digerir. Y por eso pienso que un lector que no conozca el trabajo previo de Dono, quizá no llegue a comprender el motivo de estos versos. Sobras es la segunda parte de Circus girl (El Gaviero, 2009) sin duda. Si en el primero se predicaba el “Mamaíta no soy mala”, y había un fuerte rechazo y posicionamiento ante la hostilidad del amante y de la madre, en el segundo la maldad no viene de terceras personas, sino del propio mundo. Ibuprofeno, o Desierto de Sonora Para obtener la Visión No dormir No dormir jamás nunca Quedarse así por culpa de amar Daturas o amapolas con saliva, y tragar Tragar cerrando los ojos Sonora y sola en el desierto del sueño […] Los poemas aquí no son tampoco poemas. Son canciones, alaridos, juegos de palabras, tinta prohibida, fuerte, dispersa. 


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martes, 26 de marzo de 2013

Un barco llamado gaviera


Días atrás, José González leyó y compartió nuestra solicitud para incorporar la palabra "gaviera" en el DRAE. Tiempo después "paseando por el pequeño puerto de Comillas en Cantabria" no pudo evitar realizar esta foto.

Compartimos con vosotros tan bello encuentro y os recordamos que todavía podéis firmar la petición para ayudarnos a conseguir que la Real Academia Española considere nuestra propuesta.


Foto: José González

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lunes, 25 de marzo de 2013

Mi padre y yo. Un western, de Juan Manuel Gil por Juan Carlos Sierra

Sergio Fernández Castañón y su padre Memel Fernández.
Foto: Laura Castañón

Duelo dialéctico con papá

Eso que llaman inspiración, esa súbita invitación de las musas a dejarlo todo para escribir en un arrebato casi místico, a estas alturas posmodernas de la historia de la creación no hay quien se lo crea; en caso de que no te pille trabajando, como creo que dijo Antonio Machado, es decir, en tu cocina de escritor,... Ahora, además, para contribuir a la dispersión de los tiempos, a muchos las musas los visitan revisando el correo, saliendo distraídos del puerto de Google hacia el no se sabe dónde de las procelosas páginas de la red o consultado las últimas ocurrencias de los "amigos" de Facebook. Y así no hay quien escriba nada medio decente.

O sí, porque a veces en el medio, en la herramienta, se halla la respuesta creativa; o la inspiración. Precisamente en la red social Facebook se encuentra el origen de Mi padre y yo. Un western. Los que tenemos a Juan Manuel Gil como "amigo" en la red creada por Mark Zuckerberg empezamos a leer hace más de un año los breves e hilarantes diálogos que mantenían dos personajes: YO y MI PADRE. De cuando en cuando, esas entradas se van haciendo más frecuentes y al final aparecen recogidas en el libro que hoy reseñamos.

El modo cortante, aunque cariñoso, de MI PADRE, sus latigazos dialécticos -trasunto pacifista del olor a pólvora en O.K. Corral-, su superioridad moral -intachable y coherente- en los asuntos más pragmáticos del día a día,… dibujan sin mucha dificultad en la imaginación del lector a uno de esos sheriff de 'western' que no quieren en su pueblo a forasteros que perturben la ley, o sea, a él.

Lo que añade el personaje creado por Juan Manuel Gil al modelo es un sentido del humor demoledor, sin contemplaciones, rozando la "mala follá" granadina, pero siempre desde el cariño, se entiende, de un padre hacia su hijo escritor -ese forastero que viene a romper la armonía de la familia con las excentricidades propias de los de su calaña-.

Este 'western' almeriense del siglo XXI además contiene un sano ejercicio de autocrítica o de humildad para quienes se dedican a esto de la literatura. A veces es necesario dejar a las musas en sus alturas olímpicas o, simplemente, no ejercer de escritor pesado y pedante las veinticuatro horas del día, porque puede pasar que algún sheriff familiar en zapatillas de paño y pijama nos ponga en nuestro sitio y nos baje a base de cañonazos ingeniosos y certeros de nuestra intimidad con las divinidades de las artes.
            
YO: Papá, a veces siento un gran vacío interior que no sé nombrar. Quizá nostalgia. Quizá melancolía. Quizá miedo.
MI PADRE: Juan, si fueses normal simplemente sería hambre.
           
MI PADRE: Anoche vi en la tele un programa sobre literatura.
YO: ¿Y qué tal?
MI PADRE: Siguen sin hablar de ti.

[Al teléfono]
MI PADRE: Juan, en la radio dicen que un escritor ha rechazado un premio nacional de seis mil euros. ¿Has sido tú? Si has sido tú, por aquí no aparezcas.

Quien tenga diez minutos libres y quiera pasar un buen rato, quien sea escritor y quiera que la misma literatura le ponga los pies en la tierra, sin duda acertará pasándose por las apenas 35 páginas de Mi padre y yo. Un western


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domingo, 24 de marzo de 2013

Sobras de Maite Dono por Diego Moya



MAITE, AMA DE NADA, NO «SOBRA» NADA

Cierro los ojos y visualizo una figura. Quizá sea Maite, Maite Dono, ella (mujer), ella, fulgurante, viral, amante, desnuda, sagaz, triste... la luna de agosto dibuja y vislumbra su cuerpo, solitario poema, niña furiosa, que rompe su garganta... Maite acostada, redimida, rendida... Es Maite, sí, allí donde la tierra se une con la sangre, donde las «Sobras» se deshacen y se funden con la mortalidad de los elementos.

Maite Dono, autora del poemario «Sobras», publicado por El Gaviero Ediciones es un camaleón que viaja de su ser a su no-ser, de un yo a otro, de una voz a un grito, de un recuerdo a un llanto, de un sol a una noche, del amante al muerto, del muerto a la sangre. Su poesía es orgánica, como la piel, nuestra piel, como todo lo que nos sobra pero no podemos arrojar ni vaciar ni descargar... Su voz, fundida con la sonoridad del ritmo, se hace silencio, se presume asimétrica, se invade de placeres, de manos que ya no existen, de razones, miles de razones que son poemas, versos que acarician cielos y pájaros, bóvedas y cortinas, fobias y filias, sexo y suciedad, odio y arena.

«Con las uñas y los dientes del silencio
He arrancado lentamente esta carne caliente
Humeante carne de amar
Humeante marmita de emoción
Emoción-revolución
Sólo siento
Sólo soy esto
Te jodes

...
Ahora siéntate y escucha»

Los poemas de «Sobras» están repletos de criaturas, seres marchitos, suicidas de medianoche, esperas sin relojes, visitas al infierno... los versos de Maite gritan desde el poder de la gloria, desde la playa que nadie imagina, desde el desierto pintado de noche, que no negro, pero sí tiniebla; desde el horizonte culpable de amor/amar.

«Mi piel responde a la brisa
Y tú
Quién demonios eres tú?»

Su poesía va más allá de lo inquieto, sobrepasa lo real, desprecia lo dimensionable para convertirlo en una celda donde todo, ella, Maite, se encierran para romper paredes y cristales, arañar miedos y locuras. Se siente su cuerpo, su fuego, su luz, su hambre, su sexo... esa niña atrapada en el tiempo irreal de los relojes de arena, esa mujer con un corazón ahogado, esa quietud calurosa del deseo que invade y duele. Los versos de Maite penetran tu piel, inoculan tu cuerpo de métricas leyes y morbosas imágenes. Te buscan, te penetran, te hieren, te marcan, te aman, te odian... se expanden y arrasan el universo más humilde, ése que somos, que nos sobra y nos roban; ése que mató el pasado.

«... Y por detrás de la noche algo me acaricia
Es mi único alivio
Alguien me escupe entre los ojos
Alguien sabe
Me odio»

Lees a Maite y escuchas la velocidad de la vida, la mortalidad del silencio, el vacío de las llamas, el grito al final de la casa donde esperan los infames, los rebeldes, los que nos matan con espacios preñados en blisters...

Lees a Maite y pides que nunca acabe de contarnos que resistir es invadir de sobras nuestra vida. Lees a Maite y suplicas despertar en un parque lleno de columpios oxidados, lees a Maite y juras volver a querer/amar a todos aquellos que sobran de tu memoria... La plenitud de sus palabras es el oleaje de su combate. La capacidad de Maite para hacernos ver el (desván) que somos es mucho más que magistral. La fuerza geofísica de su voz convierte la poesía en un gen a la medida de la pureza más dulce y temblorosa. Sí, porque leer a Maite Dono es temblar de placer, temblar en el Edén.

Silencio, se desnuda, lentamente, se acerca hasta la orilla, y se sumerge en el mar, el mar poético que te ahoga de bestial belleza. Esto es «Sobras».

«Qué fácil rendirse
A la belleza
Te amo»

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viernes, 22 de marzo de 2013

El día de la poesía en La Gavia


Ayer empezamos el día con una entrevista de María Jesús Recio para Canal Sur Radio: hablamos de #2013añopoético, de noticias poéticas, escuchamos la música de Aviador Dro y Daft Punk y con la voz algo tomada leí versos de Maite Dono y David Meza. Si quieres escucharlo pincha aquí o en el día 21.


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Por la tarde quedamos con algunos buenos amigos gavieros: Teresa Claramunt, Kika Martínez y Paco Pérez, para realizar una acción poética en la terraza de nuestra casa. La pared como lienzo, la pintura acrílica como tinta y la brocha gorda como lápiz afilado, casi tanto como el verso de David Meza que seleccionamos para el evento.

Yo me puse mi mono naranja, al más puro estilo de los chicos de La Más Bella y P. se encargó de documentar la acción.

Pasen a nuestra casa y vean:





 








 Día Mundial de la Poesía

#2013añopoético

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martes, 19 de marzo de 2013

Él es mi padre: pequeña antología

Anna y su padre José Luis. 


Mi padre juega al ajedrez contra la noche. Mi padre es un cisne negro. Me siento completamente solo. Bajo mis piernas van creciendo los países. Mi padre camina por esa arquitectura y la tinta de estos versos se escurre por toda la hoja, como una sucesión de accidentes en un callejón del que nadie sabe nada y del que la nada lo sabe todo.

David Meza, El sueño de Visnu
A veces sueño
que mi padre es una guitarra, 
con un agujero en el pecho 
donde la música 
palpita entre mis dedos.

Martín Espada, Soldados en el jardín


He visto a mi padre. Apaleado. Abriendo la cárcel de la materia. Rodeado de serpientes en un foso azul. Se diría que eres como siempre, un niño difunto. Espero que estés bien. Sin una pistola en la mano ni los ojos desiertos.

Begoña Callejón, Cenicienta en sangre

donde hubo paraíso

mi padre pone en marcha la dinamo

perfecciona la rueda

macha los ajos

naturalmente

en mitad del camino de la vida

Juan Manuel Barrado, Fragmentos de cal


Matar al padre, o al vecino, o a un grupo de jovencitas descocadas. Eso mismo. Porque es vuestra  sangre lo que brota en los manantiales secretos de la literatura, vuestro dolor conjugado el que articula los ritmos del poema perfecto, la música que sale de vuestras venas y a vuestras venas regresa. Eso mismo, poco más.

Raúl Quinto, Idioteca


Y mi padre se golpeaba contra las paredes de cristal
Y mi madre lloraba
Y mi padre sangraba como un jodido cerdo
Y mi madre gritaba como una jodida histérica
Y yo los veía perdidos y nada podía hacer salvo observar la escena
Con tanta indiferencia
Con tan jodida frialdad
Maravillada ante tanta frialdad

Maite Dono, Circus girl

Mi padre conducía más tranquilo siguiendo las líneas del tendido eléctrico. Le hacían sentirse fuera del coche, me confesó una vez.

Pablo López Carballo, Crea mundos y te sacarán los ojos


Me obsesiona también
-ya puestos en el núcleo mi padre.
De niña me obsesionaba
que no me hubiese conocido a mí.
Ahora me obsesiona
no ser yo quien lo conozca.
Sería un buen tipo?
Era tan joven como viejas las cenizas
de una hornacha castellana que vi un día.
Alguien en una estación me dijo
que mi padre había escrito una novela.

Estíbaliz Espinosa, papel a punto de


Mi padre nació en un vagón
del tren del brandy;
mi padre se enamoró por primera
y última vez en ese tren;
en ese tren,
mi padre dejó que el licor
corriera por sus venas
tal que el tren por las vías de plata.


Javier Corcobado, Yo quisiera ser un perro
Dime, Padre,
si no fuiste Madre al crear el mundo.

Teresa Domingo, Luzbel de penumbra


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domingo, 17 de marzo de 2013

El gaviero y el mar. Fragmentos literarios para navegantes.

Foto: Ana Santos Payán
¿Se oye el rumor del mar desde aquí? No. El mar está bastante cerca, pero no lo suficiente; hoy el Mediterráneo es un contenedor silencioso que promete mucho y no da nada. Y no os engañéis: para lo muertos, el mar no es más que una invención.

Harkaitz Cano, Twist, Seix Barral.

viernes, 15 de marzo de 2013

Novedad: pequeños cuadernos gavieros


Cuaderno de 8,9 x 12,7 cm 
Tipografía: Nevis
32 páginas
Interior: papel amarillo de 80 g 
Cubierta: cartulina negra de 290 g con adhesivo amarillo
Cosido con grapa
Se venden en lotes de 3 ejemplares.
PVP lote: 12 euros



Para poemas, preferentemente haikus y narrativa minimal. 


Para listas de la compra, de tareas, de lecturas, amantes, sueños...

Formato de bolsillo (real).

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martes, 12 de marzo de 2013

David Meza, o la cosmología del sueño. Por Arturo Sánchez


Podemos ver al mundo como una respuesta orgánica del sueñoDM
Imagen
Dice Yves Bonnefoy que una de las grandes diferencias entre la lectura de novela y la lectura de poesía es que el lector de una novela no levanta jamás la vista del papel, sino que va consumiendo páginas sin descanso; una de las características del género narrativo es que permite ser devorado. Sin embargo, continúa Bonnefoy, en la lectura de poesía sucede el fenómeno opuesto: tendemos a levantar la mirada constantemente, a tomarnos multitud de breves pausas para dejar que el texto poético se sedimente en nuestra conciencia. Levantar la mirada del papel con frecuencia es signo de que el texto poético cumple su propósito, pues solo en la interrupción se cumple la poesía. Sin embargo, algo especial sucede con la poesía de David Meza (Ciudad de México, 1990) en El sueño de Visnu(El Gaviero Ediciones, 2012), puesto que nos encontramos frente a una poesía que permite ser devorada – o incluso que lo exige, en un torrente de imágenes que, a medida que son consumidas, aumentan la avidez del lector. Las noventa páginas del poemario piden ser devoradas, acaso sin levantar la mirada ni una sola vez.

Esta devoración del texto tiene que ver con una poética del desbordamiento. De hecho, solo hace falta ojear el libro, ver la disposición tipográfica y la volumetría de los párrafos para que el adjetivo “desbordante” se imponga como inevitable. David Meza introduce al lector (suerte de lector-buzo) en un torrente poético inagotable, en el que las imágenes se suceden a cada frase en un flujo continuo, creando una imaginería de una riqueza inaudita.  De hecho, el arte de la imagen en David Meza no deja de recordar a la “imagen surrealista” tal como fue definida y planteada por André Breton: es decir, como una asociación fortuita, casi accidental (que tiene que ver con la iluminación) entre dos realidades que, al colisionar en la imagen, producen un destello que es la esencia de lo poético. Cuanto más cercanas o similares sean las dos realidades que se comunican en la imagen, más pobre será el efecto de dicho destello. Cuanto más alejadas estén (es decir, cuanto más difícil de premeditar sea su asociación), más potente será. El arte de la imagen surrealista según Breton consiste pues en hacer colisionar dos realidades distantes en una asociación improbable; colisión de la que surge una chispa extraña pero que se impone como exacta, necesaria, aunque su exactitud no pueda ser razonada. Si tuviera algún sentido hablar de algo parecido a una “imagen surrealista” para describir el estilo de un joven poeta mexicano del siglo XXI, habría que decir que David Meza la practica con un acierto impresionante.
Emilio me mostró a los chicos de la playa, pero me dijo que no podía besarlos porque  sus labios ardían y en ellos estaban las semillas del futuro. Encima del mar galáctico volaba el pájaro vagabundo, su reflejo se repetía como un caleidoscopio de estrellas. Mis amigos y mis amigas comenzaron a bailar con los muchachos de la playa, mientras Frida y yo íbamos a los montes del pasado a cazar mariposas. Mi madre construyó  un sarcófago de barro para sepultar el cadáver del sol. Mi madre fue asesinada por Adán en la mano derecha de un marciano. Crecí ocultándome de los colores en el interior de los arbustos. El sueño me mordía la nuca. Recuerdo  que los grillos saltaban de planeta en planeta hasta ser tragados por un hoyo rojo en el espacio, cuya terminación era mi pecho que se abría y chorreaba instrumentos rotos.   
Sin embargo, una de las cosas que aleja a la escritura de Meza de los objetivos surrealistas es el acaso paradójico grado de control al que es sometido el torrente de imágenes (mucho más relacionado en el surrealismo con la escritura automática). Contemplando el desfile de la imaginería del mexicano, tenemos irremediablemente la sensación de estar frente a un desbordamiento controlado.

Para explicar este fenómeno estilístico deberíamos antes echar un vistazo al proyecto global de David Meza, sorprendente por su ambición y su complejidad.El sueño de Visnu es el primer volumen de la trilogía Trimurti, que debe ser completada por El sueño de Brahma y El sueño de Siva. A su vez, El sueño de Visnu está dividido en dos partes o libros: Rebeca Luis, que corresponden a distintas voces poéticas con diferentes búsquedas estilísticas. Esta estructura ordenada y jerarquizada, y su referencia a la triple divinidad hinduista creadora y destructora del universo, comienzan a revelar la ambición literaria de David Meza: el establecimiento de una cosmología poética. Dentro de este proyecto, el primer volumen corresponde al instante de creación (Visnu es el dios creador del Trimurti), con Rebeca como “reencarnación” y Luis como “crecimiento”. El texto de David Meza nos convierte en espectadores de un nuevo nacimiento del cosmos.

En verdad, la intuición de un desbordamiento controlado empieza a cobrar sentido. El texto de Meza nos transporta a un mundo de torrencial belleza, con bloques de texto de varias páginas en los que desfilan imágenes tras imágenes, que se asemeja a la belleza de un caos primordial, un caos fundador, en el que empieza a nacer un orden: el orden poético. David Meza no se cansa de repetirlo: la poesía no se escribe, se sueña. Y la esencia del sueño es el caos. Lo que surge de este primer libro es, en cierto modo, una definición de la poesía como un sueño ordenado.
Y en ese momento, al fin, comprendí que los sueños, o van en contra de la segunda ley de la termodinámica, o son la manifestación más hermosa del caos. 
 El objetivo – o tal vez no ya el objetivo sino la consecuencia inevitable – de esta cosmología del sueño no es otra que la (re)creación de lo que Meza llama recurrentemente el uni-verso, y que debemos interpretar, en primer lugar, en su sentido astronómico. Sin embargo, también es lo que está unido por el verso, o mejor dicho, unido como un verso. Desde este punto de vista, la composición poética del caos hace del poema el uni-verso; pero también el hombre es el uni-verso, y sobre todo, el universo es el uni-verso. Para entendernos, la idea clave es la siguiente: David Meza comprende que el poema es un hermoso ordenamiento del caos. Del mismo modo se podría definir el funcionamiento del universo (del cosmos, que no significa otra cosa que orden a partir del caos), del hombre, de cualquier ser vivo, tal vez incluso de cualquier objeto. Desde este punto de vista, la palabra es un ser vivo, y el poema es un organismo, al igual que el hombre y el universo: el poema es el uni-verso, y el uni-verso no tiene una esencia distinta a la del poema. Poema, hombre y uni-verso son ontológicamente idénticos.
Yo confesé que era escritor, primero, a mí mismo, una noche en cuyo cielo no había estrellas y le dije a Gaby que El cielo estaba avergonzado de sus astros. (No porque expresara lo inexpresable, ni porque apresara lo inapresable, sino porque entendí que la Palabra es un ser vivo y también tiene el derecho de ser libre). 
David Meza contribuye a la tarea de reconciliación entre las disciplinas artísticas y científicas que algunos poetas han venido trabajando los últimos años, y propone sobre todo una idea brillante: la poesía no es una forma de ver el mundo, sino que es una forma de crearlo de nuevo; de igual manera, la ciencia no descifra el funcionamiento del mundo, sino que lo crea, lo ordena y lo inventa. “Comprendo la métrica del pensamiento” nos dice, pensamiento métrico del arte y la ciencia. La conclusión que se desprende de la búsqueda de David Meza es la siguiente: todo poema tiene el poder de, literalmente, volver a crear el mundo. Tal cual.

Lo cierto es que la lectura de El sueño de Visnu cambia en el lector la percepción del universo (tanto astronómico como poético, que pasan a ser lo mismo). Peso mis palabras. De hecho, odio encontrar en reseñas, artículos o comentarios críticos frases como la que acabo de escribir: la lectura de este texto cambia el mundo, nos cambia la vida, etc. Irritantes y simplonas. Sin embargo, resulta que es muy exactamente lo que sucede con este texto. Justamente porque es una poesía que es consciente de que le es imposible cambiar el mundo – sin embargo sabe que puede crearlo de nuevo.

Esta ambición cercana a lo demiúrgico tiene una de sus razones de ser en una idea que parece obsesionar a David Meza: la idea de su generación, de las nuevas generaciones y de la renovación. Meza espolvorea su texto de manifiestos, artes poéticas y declaraciones de intenciones, a menudo brillantes y que logran no romper jamás el tono ni la estética del conjunto. Podemos pues de imagen en imagen toparnos con paréntesis de reflexión metapoética (“un hombre no poetiza al mundo, sino que desmundiza al poema que es el mundo”; “Un poeta no resignifica las palabras. Un poeta resignifica la tierra, el agua, la noche, la luz. (…) Un poeta no resignifica la tierra, el agua o la noche. Un poeta es aquel que es resignificado por la tierra, el agua y la noche”; “A Sartre / Las palabras no son el Espejo del Mundo. El Mundo es el Espejo de las palabras”), o con verdaderos poemas-manifiestos como el que encontramos al final de Rebeca, y del que reproduzco algunas estrofas:
Quiero que los poetas dejen de llamarse poetas y comiencen a llamarse sueños y que los sueños comiencen a llamarse estrellas o luciérnagas o arroyos o triciclos

Quiero que la juventud sea una postura frente al mundo y no frente a los años

Quiero que la poesía se confunda con la narrativa, y la narrativa con un tratado científico y este con un nuevo sistema planetario

[…]

Quiero ser llamado universitario no por estar en la universidad sino por estar en el uni-verso

Quiero que el poema se confunda con un tratado filosófico o un tratado político o un venado herido en la mitad del bosque

Quiero que mi nacionalidad sea la vida

Quiero que cuanta persona lea este manifiesto lo destruya y construya otro más auténtico y hermoso

Quiero que los grupos literarios de esta época contemplen entre sus integrantes a las rocas y a los ríos y a los superhéroes del espacio

Quiero que los artistas arrojen sus obras a los mares y comiencen a escribir sobre sus cuerpos

Quiero que mi edad sea la vida
Quiero que la literatura universal sea llamada en el futuro la historia de la preliteratura


Y quiero que los poemas más hermosos de mi generación sean escritos en las paredes del metro

A fin de cuentas, la obsesión primordial de la poesía de Meza es la regeneración del cosmos y la literatura, de la vida y la poesía como una sola y misma cosa. Duro con la distinción entre vida y obra (“La vida es la extensión literaria de un sueño”), con lo repetitivo, con el canon, con la academia, con la universidad y sobre todo con la resignación de los literatos, Meza nos propone recrear el mundo en un texto escrito para las generaciones venideras. Sin embargo, este no es un texto de ideas. Del mismo modo que Meza no distingue entre vida y obra, tampoco entre idea y estilo. Meza es un poeta del estilo, no de la idea – o mejor, la idea de Meza solo vive en el estilo. Su escritura se resiste ferozmente a cualquier tipo de comentario, de tentativa hermenéutica o de elucidación. Por ende, soy consciente de que todo lo que yo pueda decir sobre Meza es estéril y superficial comparado con el contacto directo con su escritura, así que voy a terminar dejando al autor la última palabra. Otro de sus morceaux de bravoure:

Déjenos la escritura, sus soles negros, sus soles rojos, sus soles verdes, sus soles de aluminio a nosotros, los que de verdad necesitamos de ella. Y no nos digan qué hacer. Tratar de darle forma de soneto a un poema que se escribe entre los empujones del metro es imposible. Uno llega muy cansado como para contar los versos, los adjetivos, las sílabas; o seguir al pie del cañón las instrucciones de Baudelaire. Este es un nuevo siglo. La poesía ya no es un lujo más de los poderosos-eruditos, la poesía es una necesidad, es un grito, es un atentado con sueños, con lápices y esa sangre que se queda pegada a la ropa. Este es un nuevo siglo y el No poder se nos muestra como un acto del pasado. Este es un nuevo siglo. En todo caso No al poder. No al poder que te da vender los sueños en un tianguis literario. No al poder que te da arrancarte las uñas y agachar la cabeza. No al poder que te dan por escribir con un diccionario en las piernas. No al poder que te da diseccionar un poema que murió hace 400 años. No al poder que se otorga a los que renunciaron al vandalismo del arcoíris. No al poder de los que leen libros como sumando puntos. No al poder de los que envejecieron a los 20 años y empezaron a llorar pintura. No al poder de los poetas para los que la vida y la obra son una cosa distinta. No a los que sustituyeron la palabra disección por la palabra vivisección  de un texto. Estamos cansados. Los poderosos nos han quitado todo. Fedro dijo “Nunca es fiel la asociación con los pudientes”, así, en español, porque Fedro no es un autor latino, sino un autor mexicano que gana tres veces el salario mínimo y contempla el vuelo de las aves. Y así, también entonces, le digo que este es un nuevo siglo, y no estamos en tiempos de cambiar el mundo, sino de crear de nuevo el mundo, y he ahí la belleza de la palabra recreo; este es un nuevo siglo, y en nuestros labios aún está la narración del mundo. 
Arturo Sánchez (10-03-2013)
(Mil gracias a Luna por el consejo de lectura)
Fuente: www.palpitatiolauri.com/